sábado, 18 de noviembre de 2017

EL JUGADOR

Corre,jadeando,por la orilla.A un lado lo esperan los cielos de la gloria; al otro, los abismos de la ruina.
El barrio lo envidia: el jugador profesional se ha salvado de la fabrica o de la oficina, le pagan por divertirse, se saco la loteria. Y aunque tenga que sudar como una regadera, sin derecho a cansarse ni a equivocare,el sale en las radios y en la tele,las radios dicen su nombre, las mujeres suspiran por el y los niños quieren imitarlo.Pero el,que había empezado jugando por el placer de jugar, en las calles de tierra de los suburbios, ahora juega en los estadios por el deber de trabajar y tiene obligación de ganar o ganar.

Los empresarios lo compran,lo venden,lo prestan;y el se deja llevar a cambio de la promesa de mas fama y mas dinero. Cuanto mas éxito tiene,y mas dinero gana,mas  preso esta.Sometido a disciplina militar,sufre cada día el castigo de los entrenamientos feroces y se somete a los bombardeos de analgésicos y las infiltraciones de cortisona que olvidan el dolor y mienten la salud. Y  en las vísperas de los partidos importantes,lo encierran en un campo de concentración donde cumple trabajos forzados,come comidas bobas,se emborracha con agua y duerme solo.
En los otros oficios humanos, el ocaso llega con la vejez, pero el jugador de fútbol puede ser viejo a los treinta años.Los se cansan temprano:
-¿Este no hace un gol ni con la cancha en bajada.
-¿Este?Ni aunque le aten las manos al arquero.
O antes de los treinta,si un pelotazo lo desmaya de mala manera,o la mala suerte le revienta un musculo, o una patada le rompe un hueso de esos que no tienen arreglo.Y algún mal día el jugador  descubre que se ha jugado la vida a una sola baraja y que el dinero se ha volado y la fama también. La fama,señora fugaz,no le ha dejado ni una cartita de consuelo.


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